domingo, 27 de noviembre de 2011

Voy a poner el libro poco a poco aquí

Eran las tres de la mañana, la noche era fría y el viento se llevaba todo el calor del ambiente, azotaba las ventanas. No llovía pero todo estaba cargado con electricidad estática.

Lucas estaba asomado en la ventana, no podía dormir y fumaba mientras se relajaba poco a poco, estaba pensando en su vida y todo le parecía negro y difícil, siempre tenía una crítica para todo.
Era un chico afortunado y lo sabía sus padres pese a ser relativamente chiflados le querían y su hermano pequeño y su hermana, le tenían como ejemplo. Sus amigos eran perfectos para él y como cualquiera tenían sus cosas, pero no le preocupaba, tenía también una novia que estaba prendada de él por completo y viceversa.

Odiaba eso sí, el mundo, no podía tolerar que nadie, él incluido, tuviera de todo, mientras alguien no tenía nada, aunque aún no sabia muy bien como solucionarlo defendía como cualquier joven rebelde el ideario utópico y había pasado por todas sus etapas, pero nada fuera de lo común.

Como todos los jóvenes procuraba encontrar un gusto que en la medida de lo posible espantara a sus padres de sus tejemanejes diarios, y vestía desaliñado para volver locas a sus abuelas, llevaba el pelo desgreñado y le caía en grandes mechones ligeramente rizados por su cara, se lo apartaba a soplidos como había visto a su padre, y podría decirse que tenía un atractivo particular, de esa clase de gente que llama la atención sin tener nada claro para ello.

Tenía 17 años y era ligeramente más maduro que la media de su edad, y era de carácter muy risueño, además se empeñaba en escribir poemas que siempre tenían de destino la basura.

Lucas cerró la ventana, se desvistió y le envió un mensaje de buenas noches, o buenos días, lo que cuadrara, a su novia, y se dejó caer dedicándole su último pensamiento mientras hundía la cabeza en la almohada.














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