Aún recuerdo el día que nos fugamos.
En el que henchidos de valor, y el corazón en el puño apretado, huimos de la vida que eligieron para nosotros. Una vida en la ciudad como todos los demás, con nuestro coche, nuestro trabajo, el piso y la hipoteca que aferrada a nuestro cuello nos ataba como a perros.
Aún recuerdo tu pelo al viento, más libre que nunca, tu sonrisa que mezclaba alivio y miedo. Tus mofletes colorados por lo brusco de la huida.Como tus piernas dejaban huella firme en el barro, y tu silueta la dejaba en mi retina.
Recuerdo la primera noche, acampados donde pudimos, pero juntos, como el fuego quemaba el frío pasado y nos traía calor y esperanza. Como la luna estaba más bella que nunca y las estrellas alineadas nos confirmaban lo acertado de nuestra carrera.
Cierto era que se podía tachar de cobarde, incluso de egoísta, pero nuestra joven mente no podía asimilar que nadie controlara nuestro futuro, lo queríamos todo, y lo queríamos ya.
También recuerdo la primera mañana cuando volvimos al camino, y de la mano salimos en busca de una nueva vida, nuestra y solo nuestra.
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