domingo, 10 de julio de 2011

A veces pienso en el futuro, y ni es blanco ni es negro, es una vorágine de colores, un sinsentido, ininteligible y complicado, por culpa de la incertidumbre tengo miedo, tengo miedo de perder lo que tengo, no referido al plano material, nada más lejos.

Ese miedo es lógico, cuando uno encuentra lo que quiere, quiere preservarlo y que le dure.

Pues bien, tengo miedo, mucho miedo, pero entre todo lo que no soy capaz a distinguir, entre todo, siempre encuentro los mismos ojos, que me hacen olvidar todo lo malo, que son mi pequeño y cálido centro del mundo, que nunca me miran con reproche, que nunca se confunden cuando me juzgan, que me atraviesan, que me conocen mejor que yo mismo, y que ojalá estén siempre mirándome, preciosos ojos marrones, y lo mejor es cuando van acompañados de una sonrisa, que es capaz de voltear mi estomago, que me provoca un cosquilleo único e inmejorable, que solo esa sonrisa es capaz de hacerme feliz.

A veces temo perder esa sonrisa, esos ojos, y lo que conllevan, a veces temo no ser suficiente para ellos, otras veces te abrazo y no lo pienso.

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