Ese miedo es lógico, cuando uno encuentra lo que quiere, quiere preservarlo y que le dure.
Pues bien, tengo miedo, mucho miedo, pero entre todo lo que no soy capaz a distinguir, entre todo, siempre encuentro los mismos ojos, que me hacen olvidar todo lo malo, que son mi pequeño y cálido centro del mundo, que nunca me miran con reproche, que nunca se confunden cuando me juzgan, que me atraviesan, que me conocen mejor que yo mismo, y que ojalá estén siempre mirándome, preciosos ojos marrones, y lo mejor es cuando van acompañados de una sonrisa, que es capaz de voltear mi estomago, que me provoca un cosquilleo único e inmejorable, que solo esa sonrisa es capaz de hacerme feliz.
A veces temo perder esa sonrisa, esos ojos, y lo que conllevan, a veces temo no ser suficiente para ellos, otras veces te abrazo y no lo pienso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario